El Obispo de Málaga D. Jesús Catalá bendice el nuevo retablo de la parroquia del Corpus Christi

Precioso día vivido ayer en nuestra parroquia , solo puedo decir GRACIAS a todos los que lo han hecho posible :gracias a los donantes, a nuestro Obispo, sacerdotes y diáconos; familia, amigos que me habéis acompañado y feligreses del Corpus . Nuestra parroquia se reviste de luz y belleza.

José López Solorzano, párroco

Descripción nuevo retablo Stmum. Corpus Christi

El retablo que hoy se bendice en esta parroquia del Sanctissimum Corpus Christi de Málaga no es, tan solo, una simple obra artística. Se trata de un elemento clave para crear un lenguaje catequético y expresar la centralidad de la Eucaristía en la vida del fiel que celebra la fe a sus pies, sirviéndose para ello de tres elementos cristológicos: la Eucaristía, la Cruz y el Corazón de Jesús.

Esta obra está realizada en madera dorada por el Taller de Arte Religioso Salmerón, situado en Socuéllamos, municipio de la provincia de Ciudad Real.

En cuanto a la descripción artística de la obra, en primer lugar, se dispone un gran pedestal en el que se eleva un tabernáculo de mármol embellecido con elementos dorados, en cuyo interior, se encuentra la Sagrada Eucaristía, como manantial y alimento del que brota la fe del creyente.

El retablo, por las características de la iglesia, se ha concebido a modo de dosel adintelado dispuesto en dos cuerpos y una única calle donde se conjugan arquitectura y escultura.

El cuerpo inferior está formado por un basamento o sotobanco rematado por una cornisa. En su conjunto, se encuentra decorado con casetones moldurados cuyos acabados son de imitación a mármol con tonos beige, verdes y almagra, y dos cartelas con el monograma IHS.

         En cuanto al cuerpo principal, está compuesto por una calle central donde se sitúa una hornacina que enmarca la imagen del Cristo de la Misericordia, obra del escultor David Anaya Fernández, realizada en madera policromada en el año 2019, la cual emerge como un torrente de fuerza y nos indica que la Cruz de Cristo es causa y artífice del milagro de la presencia constante de Jesucristo entre nosotros. Dicha escultura se sitúa sobre un paño rojo con decoración geométrica y elementos vegetales. En ambos laterales, se observan dos casetones curvos decorado ricamente.

Flanqueando la hornacina se elevan dos columnas doradas de orden gigante. La parte inferior está decorada con motivos vegetales y querubines policromados, y un capitel de estilo compuesto en la parte superior. Alrededor de todo el cuerpo se disponen dos cresterías doradas, dotando de unidad decorativa al conjunto pero, a la vez de movimiento, rompiendo con las líneas rectas del cuerpo central.

         En la parte superior del conjunto se dispone un entablamento adintelado formado por arquitrabe, friso y cornisa, siguiendo los cánones del arte clásico. La parte central sobresale del conjunto para darle forma de dosel y así cobijar al Crucificado. Como elemento iconográfico, en el centro de la cornisa, se sitúa una cartela que alude al Sagrado Corazón de Jesús, siguiendo los elementos propios de esta representación: la cruz, el fuego y la corona de espinas, sintetizando todo el misterio de la cruz y de la Eucaristía.

Sobre ello, se alzan las esculturas policromadas de los apóstoles San Pedro y San Pablo, pilares de la Iglesia y modelos de la fe. Por ellos, el creyente se inserta en el conjunto, teniendo como fuente la Eucaristía, como camino la Cruz y como centro el Corazón del Señor.

         Por último, para el enriquecimiento patrimonial, artístico y catequético, se disponen cuatro hornacinas con peana y elementos vegetales que acogen cuatro esculturas policromadas. Dos de ellas se sitúan en el presbiterio, ubicándose en el lado del Evangelio aquella en la que se encuentra la magnífica imagen dieciochesca de San José con el Niño; y la del lado de la Epístola que acogerá la futura imagen de María Santísima de la Expectación. Las dos hornacinas restantes se encuentran ubicadas a los pies de la iglesia, las cuales acogen las imágenes del Inmaculado Corazón de María y el Corazón Eucarístico de Jesucristo.

         En definitiva, tal y como se observa, este retablo tiene como primer orden de prioridades su expresión catequética y teológica. Su fin y su identidad residen en ofrecer a la vista del creyente una síntesis de la fe en la que cree, sirviéndose de imágenes y símbolos, pues la fe es «imperceptible a los ojos e indecible a los labios»..

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